Centre Penitenciario Can Brians, Sant Esteve Sesrovires
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Construir una cárcel es construir un mundo cerrado, como lo eran las abadías, las fortalezas, los monasterios o las antiguas acrópolis. Aquí la vida transcurre con privación de libertad y las relaciones están condicionadas por el control.

Existe un paralelismo con la idea de ciudad ya que encontramos los mismos espacios de la ciudad tradicional: plazas, calles y fachadas. Pero los usos no son los mismos: la plaza no es un lugar de reunión, sino de clasificación; la calle no es un espacio de comunicación, sino de separación; la fachada no tiene un sentido de relación interior/exterior, sino de reclusión.

Los protagonistas de estos espacios son muros cerrados, pasos, escaleras, desniveles y sombras. Se tiene que jugar con ellos para conseguir una cierta variedad y pueden huir de la monotonía: crear accidentes, gestos, cambios de alineación que hagan más rico y den más sentido a una calle sin sus atributos habituales como son las ventanas o los balcones.

Se trata de crear una ciudad con un terreno virgen, atendiendo reflexiones de orden geográfico y paisajístico –conseguir una buena implantación e integración- y también de orden programático, aspecto de gran complejidad en el que priman las cuestiones de control y seguridad.

El programa lo podríamos resumir en tres zonas claramente diferenciadas. La zona externa, fuera muros, que contiene los servicios de administración y está situado en la zona alta del solar. Una vez traspasado el muro encontramos una zona mixta donde se clasifican los presos y se producen los contactos de estos con el exterior: visitas de familiares y abogados. De aquí se pasa a la zona interna: módulos de residencia, hospital, polideportivo y zonas de ocio, estructurada a partir de un calle principal, que es el eje principal del centro. Una serie de elementos (pendientes, escaleras, voladizos y giros) dan valor a unas fachadas sin ventanas y ayudan a conseguir un efecto de perspectiva.

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