Hospital en Espoo
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Los hombres y las mujeres son el centro de nuestra intervención. La vida necesita áreas protegidas (artificiales) para desarrollarse. Estas áreas protegidas deben estar estrechamente relacionadas con zonas naturales (espacios esenciales). La dualidad entre natura y artificialidad, juntamente con la dualidad ausencia-presencia acompañan este proyecto. La nuestra propuesta es una “pequeña ciudad”, compacta dentro de una arquitectura que es, en parte, responsable de la vida de este pequeño mundo. Un espacio verde continuo envuelve el edificio, que a su vez tendrá un sistema de espacios abiertos (patios cerrados o semi-cerrados) que tendrán el rol de estructurar la composición. El emplazamiento se presenta por si mismo como el lugar sobre el cual el edificio ha de enraizarse. Sin emplazamiento, sin un lugar específico y único, la arquitectura no existe. Ocupar un espacio significa tomar posesión de él. Construir siempre lleva en sí mismo una cierta violencia, nos guste o no, hacia el emplazamiento. Eso simplemente confirma que la arquitectura pertenece al lugar y que por tanto reconoce tanto los atributos negativos como positivos del lugar. La topografía, con las dos colinas a cada lado de nuestra “pequeña ciudad”, les autopistas y carreteras, el bosque con su propia idiosincrasia, los edificios existentes, nos llevan hacia una arquitectura extensiva, hacia una arquitectura porosa abierta a la naturaleza, al sol. En definitiva, todo el conjunto nos lleva hacia una arquitectura comunitaria donde la personalización y la vida comunitaria impregnan los espacios arquitectónicos propuestos.